domingo, 20 de mayo de 2012

En Tanger, ¿Me fio?


La rampa del barco descendía  y yo montado en mi bici  iba a volver  a vivir esas sensaciones que uno solo es capaz de experimentar cuando se mide a uno mismo. Cuando se enfrenta a lo desconocido. Aunque pueda parecer que en todo momento todo sale genial y que no me da miedo nada. Solo puedo decir que en estos momentos la adrenalina me salía por todos los orificios corporales. Pero en estas circunstancias mi expresión era siempre la misma:


Sonreír

Empecé a dar las primeras pedaleadas contemplando un país claramente marcado de contrastes donde se observaba una pobreza relativa superior a la de España. Y donde aún se podían ver vacas, cabras por la calle. Me daba cuenta que igual que en España la gente se me quedaba mirando por estas tierras aún era mucho más exagerado, me miraban y se reían. Las primeras sensaciones eran muy buenas.

Cómo no tenía muy claro por dónde ir  y sabiendo que quería continuar por la costa decidí que seguiría el mar todo  lo que pudiese porque aún no estaba muy preparado para interactuar.  Creo que el estado de shock me duró un par de horillas. Iba pedaleando sin rumbo fijo, mirad porque lugares anduve:


Hoy quería hacer entre 80 y 100km porque sabía que por el dolor muchos más no podía hacer. Al llevar descansado días pensaba que estaba recuperando pero en cuanto lleve más de 40 minutos encima de la bici el dolor fue aumentando exponencialmente. Llego un momento que inconscientemente prefería bajar de la bicicleta e ir andando que pedaleando aunque no quería ser consciente de que no podía pedalear por mucho que quisiera.  Creo que este fue un momento muy duro en la periferia de Tánger, sin poder pedalear más y sin haber empezado a interactuar con el pueblo árabe. Pero por encima de todo un fuerte dolor que parcialmente condicionaba mi estado anímico.

Después de pensar y reflexionar durante más de una hora mientras andaba decidí lo que hoy iba hacer era noche en Tánger y en la medida de todo lo posible intentaría dormir en casa de gente marroquí.  Vamos quería hacer una inmersión cultural y cuanto mayor fuera el shock mucho mejor para mi, ya que no podía seguir yendo en bici al menos que en Tánger fuera capaz de absorber gran parte de su cultura.

Todo se resumía en que debía adaptarme a las nuevas circunstancias e intentar conocer y profundizar lo máximo posible la cultura árabe.  Y como no podía desplazarme en bicicleta pues en Tanger me quedaría.
Así que cansado de tanto andar y ver que no iba a ningún lado en cuanto vi un grupo de trabajadores de la construcción le pregunte a uno de ellos si alguien hablaba español (Loren me explico que es más fácil que hablen español que ingles) . Uno me mando hacia su jefe que estaba a 5 metros sentado mirando como trabajaban todo ello en plena calle. ¿Sabéis que hice? 

Dejar la bici tirada, sentarme a su lado, sacar el mapa y empezar a preguntarle y hablar con él. Le explique un poco mi historia pero sobretodo le preguntaba por su país, las costumbres, la gastronomía típica y el precio de los hoteles. Esta pregunta delataba un poco el porvenir o la sensación que tenia de donde iba a dormir esa noche. 

Hay algo que debo de mejorar para futuras aventuritas y es que el estado anímico me condiciona respecto a la cantidad de material fotográfico. Cuanto más eufórico estoy más material tengo y en los momentos más duros suelo tener lo más básico o prácticamente ni una foto o video. Pero es que en esos momentos las necesidades primarias se anteponen  al resto de objetivos secundarios.

Mientras hablaba tranquilamente con el hombre



y me daba un muy buen feeling de Marruecos de repente paso en bicicleta un joven. Este no solo se quedo mirándome con cara de extrañado sino que me pregunto en un inglés mucho mejor que el mío que estaba haciendo con mallas, en bici y tirado en Tánger.  Le empecé a explicar que iba hacia Fes pero que debido a una lesión no podría hacer muchos más kilómetros en bici, que había salido de Valencia y llevaba unos 10 días viajando. Y sobretodo que no sabía exactamente donde iba a dormir esa noche pero que quería conocer la cultura árabe y prefería dormir en casa de gente árabe y pagarle lo que costase que ir a un hotel o un hostal donde pasar los días solos.  El chico me comentó que si quería podía ir a su piso y pasar la noche.

No le di mucha bola a lo que me dijo porque desconocía todo absolutamente necesitaba hablar mucho más con él preguntarle cosas y sobretodo fijarme en su lenguaje corporal, su manera de hablar, gesticular y el feeling que me pudiese dar. Después de 20 minutos más de conversación y fiándome de las sensaciones que me estaba dando accedí a ir a su casa. 

El camino fue largo  y aunque los dos tuviéramos bicis le dije que prefería ir andando de lo que me dolía la rodilla. Íbamos andando y cada vez nos alejábamos más de la zona inicial en la que estuvimos.   Había momentos que aunque me diese buen feeling me empezaba a mosquear el largo camino que estábamos haciendo.

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